La excesiva cantidad de tiempo invertido en la utilización de las TICs por parte de los miembros familiares, sumado a la falta de diálogos críticos en torno a los contenidos mediáticos (Wolf, M. 1994) y a la desresponsabilización de los padres y miembros familiares en general en torno al tema de los usos y restricciones de Internet y televisión, han contribuido a hacer de las familias espacios vulnerables a la influencia disgregadora de las TICs.
Los miembros de las familias han amoldado sus comportamientos a la presencia física y psicológica de las TICs, lo cual ha decantado en procesos de individualización que se oponen a las dinámicas relacionales que implican un mayor contacto y una mayor riqueza afectiva(Saguier, M. 2001)
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